sábado, 20 de septiembre de 2008

RENATO CESARINI


Fue mucho mas que un entrenador calificado. Fue un maestro, representante de una escuela, y por eso esta reseña de su campaña como técnico, no podrá abarcar todas las facetas que Cesarini ocupó en River Plate hasta casi el mismo día de su muerte.
Llegó River a principios del 36 para finalizar su campaña como jugador, luego de una prolongada carrera en la Juventus. Su influencia sobre el grupo de jugadores y sus ideas innovadoras, producto de su experiencia europea, lo convirtieron en un referente ineludible, tanto que tras su retiro, pasó a ser el guía táctico de ese grupo de muchachos, entre los que estaban Moreno, Labruna, Pedernera, Vaghi.
El profesionalismo de aquellos años no era como el de ahora. El cargo de entrenador no tenía el peso específico que cuenta en nuestros días. Pero está claro que desde 1939, Renato, junto a su compadre Carlos Peucelle, fueron los técnicos, aquellos quién moldearon La Maquina, tal vez el mas maravilloso equipo de fútbol de todos los tiempos. No solo ganaron campeonatos (3 estando Cesarini al frente, en 1941, 1942 y 1945), sino que mostraron en nuestras canchas una nueva manera, mas veloz, mas lujosa, mas efectiva y mas divertida de jugar al fútbol.
En 1945 le dejó su cargo a José María Minella. La vida lo llevo a Italia y a México Retornó a River para ser el técnico que devuelva a Núñez las vueltas olímpicas, allá por 1965. Pero se quedó en la puerta dos veces, y ese fracaso fue uno de los pocos puntos oscuros de su campaña.
En 1965, con un 2-1 en la Bombonera, Boca le arrebató a River en la anteúltima fecha, un campeonato que había punteado desde el arranque. Al año siguiente ocurrió el episodio de Santiago de Chile ante Peñarol por la Copa Libertadores. Un partido del que se desprendieron infinidad de conjeturas sobre canchereadas, excesos de confianza y arrugadas que quedaron siempre a medio comprobar. Lo cierto es que River, que ganaba 2-0, perdió esa final en el suplementario. Se fue de River poco tiempo después de aquel inolvidable cotejo y nunca mas volvió.
Tres años mas tarde fallecería a los 63 años, dejando su impronta inigualable, sus dotes de docente, y portando en sus alforjas una vida de dandy, de amistades con la aristocracia italiana, de disfrute de los placeres y el confort, y dedicada con pasión al fútbol. Ese que contribuyó tanto a enaltecer.